22 mayo, 2017

Por qué me alegro de que cancelen Dos chicas sin blanca


Vale, Dos chicas sin blanca nunca ha sido una serie a tener muy en cuenta... Pero allá en sus inicios la amistad de Caroline y Max, así como su lucha por conseguir vivir de los cupcakes, conquistó a más de uno. La combinación recordaba un poco a Brandy y Mr. Whiskers, aunque Max tenía mucha más mala leche y era mucho más inteligente que este último.


El problema es que, tras seis temporadas, creo que no hay ni un solo personaje al que no se le haya cogido un poco de tirria. Sus chistes y chascarrillos repetidos hasta la extenuación, esos momentos que antes hacían gracia pero acaban cansando y todas las temporadas en las que se nombra a las Kardashian o a la regla, intentando que su humor parezca transgresor pero demostrando que queda fácilmente obsoleto. ¿Queréis humor que hable del día a día de dos mujeres? Pues miraos Broad City, cuya calidad es mil veces mejor que una serie que parece anclada en la década pasada.

Como decía, no es complicado coger manía a los personajes. Y, si ninguno te gusta al final, ¿para qué seguir viendo la serie? Por un lado está Caroline, una quejica que al principio parece agradable pero con el paso de las temporadas se vuelve más y más insoportable - así como se vuelven insoportables los chistes sobre cuánto tiempo lleva sin liarse con nadie -. Luego están Oleg y Sophie, dos de los mejores personajes secundarios que había pero que acaban convirtiéndose en una parodia de sí mismos, como le ocurre a Han. Quien se sigue salvando es Max, pero ni su humor negro hace que te entren ganas de aguantar seguir viendo más capítulos. El resto de personajes se hacen tan pesados que al final cada temporada que sacaban era un paso más hacia un destino claro: su cancelación.



Tampoco podían faltar las escenas surrealistas y sin sentido que acaban haciendo que te preguntes por qué pierdes el tiempo con Dos chicas sin blanca. El surrealismo que usaban al principio, quizás más sutil o más original, se acaba convirtiendo en un esperpento.



En fin, Dos chicas sin blanca se ha matado a sí misma, haciendo que finalmente Max y Caroline se queden sin el final que se merecían en un principio. Al igual que sus sueños pasaron de una tienda de cupcakes a un bar de postres, la serie cambió para intentar adaptarse y alargar de más algo que se había vuelto insostenible.

La pena es que esta serie es sólo una más de las muchas que podemos encontrar ahora mismo con la que ocurren cosas similares. Y yo me sigo preguntando por qué se centrarán más en alargar las cosas cuando ya se han acabado en vez de contentar a todos los fans con un buen final.

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