29 septiembre, 2017

Madre!



Título: Madre!
Título original: Mother!
Director: Darren Aronofsky
Año: 2017
Género: suspense



Cuando nos dijeron que iban a grabar nuestras reacciones en el preestreno de Madre! no entendí mucho el motivo. Inmediatamente pensé en fantasmas, historias de miedo, payasos y niños que vuelven de la muerte para martirizarte. Y nada más lejos de la realidad.

Las reacciones de todo el cine merecían ser grabadas, pero no por el terror que causa el visionado de esta película, sino por lo desconcertado que deja. Madre! juega todo el rato con el surrealismo y el esperpento, creando una obra que no gustará a gran parte del público pero que personalmente me ha parecido maravillosa por la increíble metáfora que hace sobre la vida. Eso sí, o la pillas o no entenderás nada de lo que ocurre durante toda la película.

Antes de meterme de lleno en mi teoría y en por qué Madre! es una obra maestra, para lo que necesitaré muchos spoilers, intentaré contar otras partes de la película que también merecen ser nombradas.



Hay que admitir que es una película rara, rara con ganas. Se hace lenta y aburrida hasta que la entiendes (y eso si logras entenderla), y está grabada de tal forma que consigue crearte un nudo en el estómago durante todo su visionado.

No es una película de terror, pero juega con tu mente como quiere. Experimenta con el espectador, magnificando todos los sonidos, usando planos mareantes con cámaras que tiemblan de más. Es capaz hasta de quitarte el apetito.

A esto le acompañan unos actorazos de cien que consiguen meterse de lleno en sus papeles. Papeles que quizás no comprendemos, pero que están preciosamente retratados. Aquí hay que destacar el trabajo que hace Jennifer Lawrence. Como actriz nunca me ha terminado de gustar, pero su papel es tan sumamente complicado que es digno de alabanza.

Entonces, si es una película tan rara, incomprensible y lenta, ¿por qué me parece una obra maestra? Pues aquí vienen los spoilers.



Tuvieron que darle mucho al coco para plasmar tan sumamente bien que Jennifer Lawrence fuese nuestro planeta, y el resto de personajes los humanos que destrozan la casa que ella tanto se ha molestado en arreglar. Por eso digo que su papel es tan complicado y está tan bien hecho, porque consigue meterse de lleno en el papel de Tierra, y sus reacciones encajan a la perfección con lo que sentiría nuestro planeta si pudiese hablar. Y, si no estáis de acuerdo con esta teoría, que sepáis que puedo pasarme horas y horas explayándola.

La historia empieza con el matrimonio de Javier Bardem y Jenniffer Lawrence. Él se dedica a intentar crear, sin conseguirlo, mientras ella hace todas las tareas del hogar, desde la fontanería hasta el desayuno. Ella es feliz cuidando de su casa, pero su marido necesita más. Y aquí es cuando entran en juego Adán y Eva (o sus representaciones). Primero llega Adán (Ed Harris), un gran admirador del escritor que supuestamente es el marido de la protagonista y, un día después (como si hubiesen tardado un poco más en crearla) llega Eva (Michelle Pfeiffer), y trae con ella la tentación. Y así Adán y Eva se comen la manzana, que esta vez es una preciada piedra del autor que acaba rota en un descuido.

No podía faltar la aparición de Caín y Abel y, al igual que en la biblia, el hermano malo acaba matando al bueno, causando así la primera muerte que marcará un cambio para la pobre y desconcertada Jennifer Lawrence, que intenta por todos los medios limpiar una mancha de sangre del salón que nunca se termina de ir.

Tras esto llega el funeral, y la casa empieza a llenarse de gente. Celebran la vida, y desobedecen las normas de la pobre protagonista. Hasta que no rompen el fregadero (una representación casual del diluvio universal) de un salto realmente nadie presta atención a su enfado, ni siquiera su marido.

Pero esta noche revivirá la llama perdida entre la pareja y, tras nueve plácidos meses, Javier Bardem tendrá su obra terminada y Jennifer Lawrence estará a punto de dar a luz. Y aquí se vuelve a liar todo de nuevo, desencadenando un desenfrenado final donde el espectador deja de comprender todo si todavía no ha llegado a la conclusión de que no es más que una metáfora excéntrica y bien hilada.


Vemos rituales, la adoración a Javier Bardem y al hijo que va a tener, guerras, esclavitud, manifestaciones, sobrepoblación, hambre... todo eso en unos pocos minutos. Y la propia rapidez de los sucesos muestra de nuevo el ritmo desenfrenado con el que suceden las cosas ahora (supuestamente) si lo comparamos con el pasado.

Y en todo este caos Jennifer Lawrence tiene finalmente a su hijo. Y, mientras pare, todo tiembla. Su dolor causa terremotos, y también hace que su actitud empiece a cambiar.

Aquí viene un suceso que realmente me cuesta comprender, y es el desmembramiento y canibalismo hacia el recién nacido. ¿Una metáfora de comer el cuerpo de Cristo? ¿La muestra de cómo destruimos lo que la Tierra crea para nosotros?

Y llegamos al final, donde la casa muere y una desquiciada Tierra hace que todos sus invitados ardan en el fuego. Vuelven a quedarse solos Javier Bardem y Jennifer Lawrence. Ella le sigue amando incondicionalmente, mientras él se excusa en la necesidad del caos para crear. Un último sacrificio por parte de la protagonista, que da todo desinteresadamente sin pedir nada a cambio...

Y todo vuelve a empezar. Javier Bardem cambia de esposa, pero no aprende. De esta forma tan sutil se muestra que la humanidad no va a cambiar, que es más fácil mudarse de planeta que cuidar el nuestro. Es más, el principio de la película nos lleva a pensar que no es la primera vez que lo hacemos.

De todo esto lo único que no consigo hilar de todo es el papel de Javier Bardem. Lo que está claro es que no es un humano, como el resto de los invitados. Más bien es una especie de representación de Dios, de la Historia o una mezcla de ambas. El caso es que, aunque no sepamos ponerle nombre, todos sabemos lo que representa.



Si has llegado hasta aquí y te has leído todo este textaco, mi enhorabuena. He intentado acortarlo todo lo posible, pero Madre! tiene tantas cosas que merecen ser contadas que ha costado lo suyo resumirlo todo. Para mí, aunque gran parte de la sala saliese desconcertada y no les haya gustado, es una obra maestra. Es trasgresora, experimenta como quiere y nos da una clase de filosofía sin que nos demos cuenta. Siendo un poco malsonante, es de esas películas que te follan el cerebro. Y a mi, con tanto simbolismo, me lo ha dejado hecho papilla.




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