15 abril, 2018

Una serie de catastróficas desdichas. Temporada 2



Tras una primera temporada que amas u odias, era difícil saber qué esperar de la segunda temporada de Una serie de catastróficas desdichas. Definitivamente, las expectativas eran muy altas y, como es normal, no es raro que se quede en eso, expectativas.


La segunda temporada no defrauda, pero no tiene el ritmo de su predecesora. Sigue los mismos patrones que la primera (los Baudelaire llegan a X sitio/ aparece Olaf/ cambian de sitio), pero esta vez la historia no engancha tanto como debería.

Quizás es porque en la primera esperábamos que se reuniesen con sus padres, y en esta lo que queremos es resolver de una vez en qué se han metido los tres hermanos, pero de nuevo ni una cosa ni otra acaban como queremos. El misterio sigue ahí, y nos dan migajas para engancharnos, pero son tan pocas que no consiguen mantener realmente la intriga.


Lo que le ha faltado a esta temporada son precisamente sorpresas y giros de guión. Sin ser mala, esta vez no hay novedad o, por lo menos, no la suficiente.

Este vacío lo llenan con caras nuevas como Esme Miseria (Lucy Punch) o los Quagmire, personajes que parece que van a ser importantes en la trama, pero que no terminan de colarse de lleno en la historia. Quizás es porque el Conde Olaf (Neil Patrick Harris) sigue haciendo sombra al resto del elenco, siendo una de las razones principales por las que la serie tiene tanta calidad. 


El caso es que esta temporada no ha resuelto preguntas, sino que ha creado más, y es conveniente preguntare hasta cuándo aguantará el espectador la intriga.

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